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miércoles, 22 de abril de 2015

La tumba de las luciérnagas


Una de las películas más bonitas que he visto de animación. Vamos, una obra maestra diría yo. Muy humana, muy sensible, tierna y muy triste. 

Desde que soy madre no puedo ver a un niño sufrir. Todos hemos sido niños y sabemos lo que es esa etapa en nuestra vida, pero cuando uno crea una vida, es decir, cuando eres padre o madre y vives lo que es dar vida, gestarla, llevarla 9 meses dentro, cuidándola, protegiéndola de todo peligro, comiendo bien, haciendo una vida sana, porque ese ser que llevas dentro no se puede defender solo, tú eres su armadura, tú eres su nido, su casita, su alimento, su bienestar. Y cuando por fin nace tú eres todo para esa personita. Siendo esta realidad tan bonita y luego ves que hay niños que no tienen una madre o un padre que cuide de ellos, a mí por lo menos se me parte el alma. Todo niño debería tener un padre y una madre, o al menos uno de los dos para poder sobrevivir y tener una vida digna, con comida, agua, un lugar donde vivir, medicinas, educación, y sobre todo mucho amor.

 En esta película, por culpa de la II Guerra Mundial, todas esas necesidades de los protagonistas desaparecen por completo hasta el punto en el que el desenlace final es terriblemente triste.


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